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All tomorrow's parties

 

Grupo incomprendido en su tiempo, a Velvet Underground le cambió la suerte transitoriamente cuando, en 1966, Andy Warhol lo cobijó entre su staff de artistas diletantes. No sólo el rey del arte pop los llevó de gira con el happening multimedia Exploding Plastic Inevitable sino que aportó 700 dólares y consiguió 800 más para que empezaran a grabar su primer disco. Conscientes del buen negocio, Lou Reed, John Cale, Sterling Morrison y Maureen Tucker aceptaron por su parte, entre otras cosas, incorporar como cantante a la modelo y actriz húngara Christa Päffgen, más conocida como Nico, otra figura del elenco estable en Factory, el bunker Warholiano en Manhattan. El albino de las sopas Campbell convenció a Reed de que escribiera material para la chica. Reed, que tenía experiencia laboral como compositor fantasma de discos chatarra a pedido, le respondió con ""I’ll be your mirror"" y ""Femme fatale"", al extremo pop de su repertorio. Sin embargo, aunque efectivamente Nico grabaría esos dos temas para el sorprendente debut discográfico, sería su tercer participación, en ""All tomorrow’s parties"", la que mejor le sentaría, si no en el momento, a futuro. a canción ya figuraba en la lista de temas de la banda. Existen demos grabados en 1965, en el departamento (ruido de tránsito incluido) del galés Cale, con versiones de casi 18 minutos. Pero a ""The Velvet Underground and Nico"" (""El disco de la banana"", por el arte de Warhol en su tapa) llegarían sólo 5 minutos con 58 segundos y a su formato single, el primero del grupo, apenas 2:49 más radiales. De cualquier modo, ""All tomorrow's parties"" era el tema favorito de Warhol. ""Es una descripción bastante fiel de cierta gente por entonces en Factory"", develó Reed alguna vez. Paradójicamente, una de esas personas debía ser la misma Nico, que por otro lado se ajustaba bastante bien al papel de la famosa ""Femme fatale"": una mujer de belleza intimidante, aunque no tanto como su personalidad, introvertida al extremo y con una tendencia autodestructiva y destructiva a secas. Parte de lo enigmático de estos clásicos pasa por escuchar a esa voz gélida, germánica, hablar de sí misma en tercera persona femenina, como de la Cenicienta del avant garde neoyorquino, en una especie de oscuro canto religioso, por momentos escalofriante, siempre lejano: ""¿Y qué vestido se pondrá la pobre chica /para las próximas fiestas? (...) ¿Y adónde irá? Y qué hará cuando llegue la medianoche?"". Pero esa es apenas parte del encanto de ""All tomorrow's parties"", también potenciada por una particular ejecución: el inconmovible bombo ritual de Tucker, el piano golpeado en sólo dos notas por Cale (a partir de un ejercicio de sus años académicos) y las cuerdas de la guitarra de Reed afinadas por lo menos medio tono debajo de lo convencional. Todo es un gran ruido que suena alternativamente armonioso y caótico; ""Distorsión controlada"", era el término que utilizaba Cale, perfectamente familiarizado con compositores contemporáneos como John Cage y LaMonte Young. ""Cualquiera debería poder tocar estas canciones; eso es lo que me gusta de ellas"", declaró Lou Reed acerca del primer disco de Velvet. Y la enorme cantidad de covers que se ha tocado y registrado le da la razón. Acaso irrepetible, ""All tomorrow's parties"" no ha sido tan explotado como, por caso, ""Femme fatale"". Bryan Ferry, Japan y Nick Cave and the Bad Seeds son algunos de los que se atrevieron, con dispares resultados. Quizás la única que supera a las originales en tensión es otra de la propia Nico, ya como solista, en vivo, a capella y editada por el sello norteamericano Roir. Un último homenaje, el del escritor William Gibson (autor ciberpunk de ""Neuromancer"") que tituló All tomorrow's parties la reciente última parte de una trilogía futurista."

Daniel Flores