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EL REGRESO

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EMERGIENDO DEL SUBTERRÁNEO (MCMXCIII)
Lo primero que aprendés es que siempre has de esperar...  (I´m Waiting for the man )

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A finales de 1991 aparecía I Spent A Week Here The Other Night, el tercer álbum en solista de Maureen Tucker. Para cualquiera que soñara secretamente con la reunión definitiva de unos Velvet Underground que parecían remisos a compartir algo más que una cena o una excursión por el Louvre juntos, el nuevo trabajo de la vieja batería de V.U. era como una especie de pasaporte para la esperanza.
   Moe ya había conseguido que en el disco anterior estuviera el siempre huraño Lou Reed grabando guitarras en un par de temas. También fue ella la que, tras una de las pocas presentaciones noeyorkinas de "Songs For Drella", fue invitada al final del concierto por Reed Y Cale para interpretar un "Pale Blue Eyes" que dejó boquiabierta a la audiencia. Claro que todo eso había sido anterior al "milagro parisino"
   Esta vez, el milagro consistía en escuchar a los cuatro juntos en una canción, "I´m Not", de inconfundible corte velvediano. Cale, Reed, Morrison y Tucker no están presisamente solos en ese tema (los acompaña gente de Violent Femmes y otros grupos); ni siquiera están exclusivamente en el ya que unos y otros aparecen desperdigados en otros momentos del disco. Pero a pesar de ello la química volvía a funcionar. Nadie se extraño pues cuando se supo que durante la consiguiente gira europea de Tucker --en la cual iba convenientemente acompañada de Sterling Morrison y su resucitada guitarra-- se les uniera un eufórico Lou Reed por sorpresa en un escenario francés --es ya costumbre-- para rendir homenaje , en el mejor estilo Velvet, a Bo Diddley.
   Pero eso no fue todo. Curiosamente, sólo faltaba Maureen Tucker cuando, durante un show solista de Cale en Nueva York, aparecieron Reed y Morrison para sumarse a un bis que ofreció a la atónita audiencia "Style It Takes" y "Forever Changed". En aquella fría velada de diciembre parecía que las inextinguibles retinencias entre Lou y Sterling estuvieran a punto de convertirse en un divertido recuerdo.
    Finalmente la noticia saltó. Jhon Cale le dice al presentador de un show televisivo en el transcurso de una entrevista que los Velvet Underground piensan reunirse "Por dinero", subraya irónicamente el genio galés. Inmediatamente comienzan los rumores, las noticias contradictorias. Nadie quiere hablar claro aunque el hecho parece materializarse antes incluso de que los propios involucrados decidan hacerlo público.
    La versión oficial es que, obligados a juntarse para discutir los detalles de la edición de una caja recopilatoria de la obra de Velvet Underground, los cuatro músicos se plantean la idea de volver a tocar. A pesar de la ausencia de Nico y de que Andy Warhol los dejó hace tiempo, los Velvet lo intentan. Niegan que el dinero sea la razón y anuncian que van a hacer una gira europea (Estados Unidos, excluido: se ve que todavía recuerdan con desagardo lo mal que se los trató en casa en su primera vida). Tal y como dice Cale, "¿Y para que vamos a tocar allí? ¿Dónde podríamos hacerlo? ¿en Ohio?, quizás en Boston. ¿En que lugar no nos odían? ¿Todavía nos odian en Detroid y Chicago? En San Francisco no nos podían ni ver"
    Lo que no entiende nadie es que narices hacen teloneando a U2 en algunas fechas.
    Moe Tuckcer salía al paso de cualquier tipo de acusación: "No somos los Doobie Brothers. Si pensara que las actuaciones iban a ser horribles jamás habría accedido" Los cuatro apelan a esa magia especial, esa energía  que aparece en el ambiente cada vez que Jhon, Lou, Sterl y Moe se meten en su cuarto y conectan los amplificadores.
   De todos modos ¿que tiene de malo si sacan un buen provecho económico por reunisrse? Se supone que es una reunión abierta, que todos seguirán con sus respectivas ocupaciones, que sólo seguirán si el asunto funciona en lo referente a lo artístico. Los Velvet quieren dejar claro que sólo van a hacerlo si consiguen estar a la altura de su propio listón.
   A sus 51 años, Reed parece un niño con zapatos nuevos, no importa si ha vuelto a contradecirse estrepitosamente ("No más reuniones de viejos compañeros de universidad"); leyendo sus declaraciones, nadie dudaría de la química todavía funciona. Mientras el batallón de fans contiene la respiración, los snobs escudriñan las carteleras para enterarse si el circo va a pasar por la ciudad y los más jóvenes se preguntan si realmente valdrá la pena dejarse unos cuantos pavos viendo a esos viejos .
   La verdad se develó una noche de principos de junio. Desde ese momento, la maquinaría de V.U. fue visitando selectos escenarios europeos, engrasándose poco a poco. Nadie pudo decir que aquella reunión había sido algo gratuito. Si había visos de interés económico en ella, los cuatro estaban entonces cobrando por hacer su trabajo con tanta honestidad como cabía esperar de ellos.

   Ignacio Juliá especialista en la banda y su saga, fue testigo excepcional de algunos de esos conciertos. En la revista Ruta 66 relataba así la experiencia:
   "Enseguida se recalientan y, al llegar "hey Mr. Rain", Jhon y Lou se enzarsan en una electrizante disputa viola/guitarra que deja plasmado al respetable. Cale está en plena forma y, el sonido global, esta noche se aproxima peligrosamente al que recuerdan los anales de la historia... cuando llega "SweetJane" ya no cabe duda de que vieja magia se ha liberado definitivamente. Lou Reed se cuelga a media canción y empieza a improvisar. Aprovechando los versos, " a algunos les gusta irse a bailar/ y otros tienen que trabajar", pone como ejemplo de esto último a Velvet Underground, para negarlo a continuación afirmando que esto no es un trabajo, que a él nunca le ha gustado trabajar, que el trabajo es una maldición... El solo dde Sterling en " Rock & Roll" se prolonga esta noche durante minutos.¿habrán surtido efecto mis quejas? El público se sube literalmente por las paredes. Y "heroin" vuelve a motivar ese reconocimiento unánime que la convierte en quizás la más popular y admirada de las canciones de Velvet Underground; escucharla en vivo es como otear un oscuro, intimidante acéano que sube y baja, va y viene, en mareas de dolorosa expresividad."

 
Los Velvet cruzaron Europa con casi 30 años de retraso. Tocaron para audiencias entusiastas mezcladas con público demasiado joven como para poder aceptar el valor de un grupo que es como un molde que ha sido imitado y copiado miles de veces desde los años 70 y los albores del glam rock. Inmediatamente, se anunció la edición de un disco y un video, el documental perfecto para una gira que nunca llegó a ver suelo norteamericano. La crítica los trató bien --tampoco había razón para lo contarrio--, la gente demostró su respeto e interés por la vuelta de ese nombre tantas veces pronunciado y tan poco conocido. En resumen, demasiado bonito para ser verdad.
  Para todos los que no tuvieron la suerte de estar allí, el disco "Live MCMXCIII" (Así como el video Velvet Redux") se convirtió algo básico. El doble elepé no sólo recoge el total del show sin dejarse ni una sola canción, también acerca a todos la verdadera magnitud del acontecimiento. Inspirados, peligrosos e incontrolables a ratos, los cuatro recuperaban sin problemas una energía secreta que los convirtió en algo único. Tocan "Venus in Furs", "Waiting for the Man","Heroin", los clásicos fundiéndolos con piezas no tan conocidaas. Dice mucho sobre su actitud el hecho de que incluyeran "The Gif" o la chirriante "I Herad Her Call My Name", que revisiten la furia de "Black Angel´s Death Song" o que se acordaran de grandes éxitos imposibles de un repertorio maldito como " Guess I´m Falling In Love". Para que no queden dudas respecto a la nobleza que preside ahora las relaciones entre los miembros del cuarteto, Jhon y Lou se reparten temas para cantar. Gran idea: cuesta trabajo en algunos casos que la cabeza acople el estilo vocal de Reed actual a unos temas que no admiten otro modo de ser cantados.
Sólo dos piezas nuevas "Velvet Nursery Rhyme", que es en realidad una inocente presentación  de los músicos finalizada con la mala leche habitual en Reed, y "Coyote", una canción que podría ir incluida en la cara B de cualquier single que saque Reed en los próximos meses. Lo habían demostrado: estaban en condiciones de hacerlo. Lejos de resultar ridículos e interesados, los Velvet Underground dieron durante el verano de 1.993 una simple y clara lección de talento y oficio. Ni más ni menos.
    No obstante , faltaba por ver si se cumplía la parte más interesante. No era descabellado pensar que la gira y el disco podían quedar reducidos a un simple preámbulo para algo mucho más sorprendente. Por ejemplo, un disco de material nuevo de Velvet Underground. La opción estaba ahí; cada uno de los interesados respondía sin titubear que el resto aún estaba por venir.
   Otro punto interesante, descubrir exactamente cómo respiraría un grupo tan carismático, conflictivo y modélico 30 años después. A base de ser imitados y parafraseados, los Velvet corrían el gran peligro de resultar... vulgares. Tres generaciones de rock habían precedido la reunión, los Velvet inspiraron  a grupos ya históricos de la talla  de Sonic Youth o Jesus & Mary Chain, gente que tomó las premisas sonoras de los neoyorquinos y, lejos de limitarse a copiarlas, las desarrolló a su antojo, fieles al concepto original, pero hambrientos de aprovechar el sinfin de posibilidades sonoras que su legado  había abierto.
    Desgraciadamente, la historia quedó interrumpida. Lo último que se supo de V.U. es que aceptaban hacer un Unplugged. Noticias ambiguas: ¿Qué hacen los Velvet jugando el juego del sistema comercial del pop? ¿Tan necesitados están...? No olvidemos que el Unplugged, esos populares conciertos exentos de electricidad, son los mismos que han reconducido las carreras de viejas figuras de los 60, ya sea Eric Clapton o Rod Stewart, músicos necesitados de aceptación comercial por parte de un sector más juvenil. Una hábil treta de la industria para vender bajo florituras acústicas y quietud total los mismos perros con diferentes collares.
    El Unplugged de Velvet Underground nunca se materializó. Según contaron las secciones de noticias de distintas entrevistas, Lou Reed, genio y figura, insistió en producir las sesiones de grabación del concierto. El problema es que también insistió en cobrar por ello. Así pues, tal y como ya es costumbre en ellos, se tiraron los trastos a la cabeza y se disolvieron... una vez más.
    Ya deberíamos estar acostumbrados, pues el rastro que suele dejar Lou Reed siempre está plagado de preguntas. No se trata de si volverá a existir o no existir Velvet Underground ( si así fuera, sería de muy buen gusto por su parte que se dedicarán  a producir música nueva), puesto que eso es algo que no necesariamente ha de copar la actividad de Lou Reed.
    Como siempre, preguntas. ¿Cúal será su próximo movimiento, qué camino tomará...? Lo tópico en estos casos es prever que, dado que su obra ha sido inequívocamente tocada por eso que llamamos madurez, cualquier cosa que Reed  haga a partir de ahora siempre tendrá interés. Pero tratándose de quien se trata, uno se atreve a pensar si no que daría todo mucho mejor detenido en este punto, congelado. Como si el ciclo se hubiese completado al fin. Claro que quizá sea demasiado atrevimiento pretender que existe un final prematuro para semejante explosión de ideas y que esa incordiante sensibilidad que anida en el corazón de rock & roll de Lou Reed no es capaz de seguir dando sorpresas.
    Como siempre, preguntas y más preguntas.

(Rafa Cervera - Lou Reed N° 12, Ediciones Cátedra 1994)