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A finales de 1991 aparecía I Spent A Week Here The Other Night, el
tercer álbum en solista de Maureen Tucker. Para cualquiera que
soñara secretamente con la reunión definitiva de unos Velvet
Underground que parecían remisos a compartir algo más que una
cena o una excursión por el Louvre juntos, el nuevo trabajo de
la vieja batería de V.U. era como una especie de pasaporte para
la esperanza.
Moe ya había conseguido que en el
disco anterior estuviera el siempre huraño Lou Reed grabando
guitarras en un par de temas. También fue ella la que, tras una
de las pocas presentaciones noeyorkinas de "Songs For Drella",
fue invitada al final del concierto por Reed Y Cale para
interpretar un "Pale Blue Eyes" que dejó boquiabierta
a la audiencia. Claro que todo eso había sido anterior al "milagro
parisino"
Esta vez, el milagro consistía en
escuchar a los cuatro juntos en una canción, "I´m Not",
de inconfundible corte velvediano. Cale, Reed, Morrison y Tucker
no están presisamente solos en ese tema (los acompaña gente de
Violent Femmes y otros grupos); ni siquiera están exclusivamente
en el ya que unos y otros aparecen desperdigados en otros
momentos del disco. Pero a pesar de ello la química volvía a
funcionar. Nadie se extraño pues cuando se supo que durante la
consiguiente gira europea de Tucker --en la cual iba
convenientemente acompañada de Sterling Morrison y su resucitada
guitarra-- se les uniera un eufórico Lou Reed por sorpresa en un
escenario francés --es ya costumbre-- para rendir homenaje , en
el mejor estilo Velvet, a Bo Diddley.
Pero eso no fue todo. Curiosamente, sólo
faltaba Maureen Tucker cuando, durante un show solista de Cale en
Nueva York, aparecieron Reed y Morrison para sumarse a un bis que
ofreció a la atónita audiencia "Style It Takes" y
"Forever Changed". En aquella fría velada de diciembre
parecía que las inextinguibles retinencias entre Lou y Sterling
estuvieran a punto de convertirse en un divertido recuerdo.
Finalmente la noticia saltó.
Jhon Cale le dice al presentador de un show televisivo en el
transcurso de una entrevista que los Velvet Underground piensan
reunirse "Por dinero", subraya irónicamente el genio
galés. Inmediatamente comienzan los rumores, las noticias
contradictorias. Nadie quiere hablar claro aunque el hecho parece
materializarse antes incluso de que los propios involucrados
decidan hacerlo público.
La versión oficial es que,
obligados a juntarse para discutir los detalles de la edición de
una caja recopilatoria de la obra de Velvet Underground, los
cuatro músicos se plantean la idea de volver a tocar. A pesar de
la ausencia de Nico y de que Andy Warhol los dejó hace tiempo,
los Velvet lo intentan. Niegan que el dinero sea la razón y
anuncian que van a hacer una gira europea (Estados Unidos,
excluido: se ve que todavía recuerdan con desagardo lo mal que
se los trató en casa en su primera vida). Tal y como dice Cale,
"¿Y para que vamos a tocar allí? ¿Dónde podríamos
hacerlo? ¿en Ohio?, quizás en Boston. ¿En que lugar no nos odían?
¿Todavía nos odian en Detroid y Chicago? En San Francisco no
nos podían ni ver"
Lo que no entiende nadie es que
narices hacen teloneando a U2 en algunas fechas.
Moe Tuckcer salía al paso de
cualquier tipo de acusación: "No somos los Doobie Brothers.
Si pensara que las actuaciones iban a ser horribles jamás habría
accedido" Los cuatro apelan a esa magia especial, esa energía
que aparece en el ambiente cada vez que Jhon, Lou, Sterl y Moe se
meten en su cuarto y conectan los amplificadores.
De todos modos ¿que tiene de malo si
sacan un buen provecho económico por reunisrse? Se supone que es
una reunión abierta, que todos seguirán con sus respectivas
ocupaciones, que sólo seguirán si el asunto funciona en lo
referente a lo artístico. Los Velvet quieren dejar claro que sólo
van a hacerlo si consiguen estar a la altura de su propio listón.
A sus 51 años, Reed parece un niño
con zapatos nuevos, no importa si ha vuelto a contradecirse
estrepitosamente ("No más reuniones de viejos compañeros
de universidad"); leyendo sus declaraciones, nadie dudaría
de la química todavía funciona. Mientras el batallón de fans
contiene la respiración, los snobs escudriñan las carteleras
para enterarse si el circo va a pasar por la ciudad y los más jóvenes
se preguntan si realmente valdrá la pena dejarse unos cuantos
pavos viendo a esos viejos .
La verdad se develó una noche de
principos de junio. Desde ese momento, la maquinaría de V.U. fue
visitando selectos escenarios europeos, engrasándose poco a poco.
Nadie pudo decir que aquella reunión había sido algo gratuito.
Si había visos de interés económico en ella, los cuatro
estaban entonces cobrando por hacer su trabajo con tanta
honestidad como cabía esperar de ellos.
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Ignacio Juliá
especialista en la banda y su saga, fue testigo excepcional de
algunos de esos conciertos. En la revista Ruta 66 relataba
así la experiencia:
"Enseguida se recalientan y, al
llegar "hey Mr. Rain", Jhon y Lou se enzarsan en una
electrizante disputa viola/guitarra que deja plasmado al
respetable. Cale está en plena forma y, el sonido global, esta
noche se aproxima peligrosamente al que recuerdan los anales de
la historia... cuando llega "SweetJane" ya no cabe duda
de que vieja magia se ha liberado definitivamente. Lou Reed se
cuelga a media canción y empieza a improvisar. Aprovechando los
versos, " a algunos les gusta irse a bailar/ y otros tienen
que trabajar", pone como ejemplo de esto último a Velvet
Underground, para negarlo a continuación afirmando que esto no
es un trabajo, que a él nunca le ha gustado trabajar, que el
trabajo es una maldición... El solo dde Sterling en " Rock
& Roll" se prolonga esta noche durante minutos.¿habrán
surtido efecto mis quejas? El público se sube literalmente por
las paredes. Y "heroin" vuelve a motivar ese
reconocimiento unánime que la convierte en quizás la más
popular y admirada de las canciones de Velvet Underground;
escucharla en vivo es como otear un oscuro, intimidante acéano
que sube y baja, va y viene, en mareas de dolorosa expresividad."
Los Velvet
cruzaron Europa con casi 30 años de retraso.
Tocaron para
audiencias entusiastas mezcladas con público demasiado joven
como para poder aceptar el valor de un grupo que es como un molde
que ha sido imitado y copiado miles de veces desde los años 70 y
los albores del glam rock. Inmediatamente, se anunció la edición
de un disco y un video, el documental perfecto para una gira que
nunca llegó a ver suelo norteamericano.
La crítica los trató
bien --tampoco había razón para lo contarrio--, la gente
demostró su respeto e interés por la vuelta de ese nombre
tantas veces pronunciado y tan poco conocido. En resumen,
demasiado bonito para ser verdad.
Para todos los que no tuvieron
la suerte de estar allí, el disco "Live MCMXCIII" (Así
como el video Velvet Redux") se convirtió algo básico. El
doble elepé no sólo recoge el total del show sin dejarse ni una
sola canción, también acerca a todos la verdadera magnitud del
acontecimiento. Inspirados, peligrosos e incontrolables a ratos,
los cuatro recuperaban sin problemas una energía secreta que los
convirtió en algo único. Tocan "Venus in Furs",
"Waiting for the Man","Heroin", los clásicos
fundiéndolos con piezas no tan conocidaas. Dice mucho sobre su
actitud el hecho de que incluyeran "The Gif" o la
chirriante "I Herad Her Call My Name", que revisiten la
furia de "Black Angel´s Death Song" o que se acordaran
de grandes éxitos imposibles de un repertorio maldito como
" Guess I´m Falling In Love". Para que no queden dudas
respecto a la nobleza que preside ahora las relaciones entre los
miembros del cuarteto, Jhon y Lou se reparten temas para cantar.
Gran idea: cuesta trabajo en algunos casos que la cabeza acople
el estilo vocal de Reed actual a unos temas que no admiten otro
modo de ser cantados.
Sólo dos piezas nuevas "Velvet
Nursery Rhyme", que es en
realidad una inocente presentación de los músicos
finalizada con la mala leche habitual en Reed,
y
"Coyote", una canción que podría ir
incluida en la cara B de
cualquier single que saque Reed en los próximos meses. Lo habían
demostrado: estaban en condiciones de hacerlo. Lejos de resultar
ridículos e interesados, los Velvet Underground dieron durante
el verano de 1.993 una simple y clara lección de talento y
oficio. Ni más ni menos.
No obstante , faltaba por ver
si se cumplía la parte más interesante. No era descabellado
pensar que la gira y el disco podían quedar reducidos a un
simple preámbulo para algo mucho más sorprendente. Por ejemplo,
un disco de material nuevo de Velvet Underground. La opción
estaba ahí; cada uno de los interesados respondía sin titubear
que el resto aún estaba por venir.
Otro punto interesante, descubrir
exactamente cómo respiraría un grupo tan carismático,
conflictivo y modélico 30 años después. A base de ser imitados
y parafraseados, los Velvet corrían el gran peligro de resultar...
vulgares. Tres generaciones de rock habían precedido la reunión,
los Velvet inspiraron a grupos ya históricos de la talla
de Sonic Youth o Jesus & Mary Chain, gente que tomó las
premisas sonoras de los neoyorquinos y, lejos de limitarse a
copiarlas, las desarrolló a su antojo, fieles al concepto
original, pero hambrientos de aprovechar el sinfin de
posibilidades sonoras que su legado había abierto.
Desgraciadamente, la historia
quedó interrumpida. Lo último que se supo de V.U. es que
aceptaban hacer un Unplugged. Noticias ambiguas: ¿Qué
hacen los Velvet jugando el juego del sistema comercial del pop?
¿Tan necesitados están...? No olvidemos que el Unplugged,
esos populares conciertos exentos de electricidad, son los mismos
que han reconducido las carreras de viejas figuras de los 60, ya
sea Eric Clapton o Rod Stewart, músicos necesitados de aceptación
comercial por parte de un sector más juvenil. Una hábil treta
de la industria para vender bajo florituras acústicas y quietud
total los mismos perros con diferentes collares.
El Unplugged de Velvet
Underground nunca se materializó. Según contaron las secciones
de noticias de distintas entrevistas, Lou Reed, genio y figura,
insistió en producir las sesiones de grabación del concierto.
El problema es que también insistió en cobrar por ello. Así
pues, tal y como ya es costumbre en ellos, se tiraron los trastos
a la cabeza y se disolvieron... una vez más.
Ya deberíamos estar
acostumbrados, pues el rastro que suele dejar Lou Reed siempre
está plagado de preguntas. No se trata de si volverá a existir
o no existir Velvet Underground ( si así fuera, sería de muy
buen gusto por su parte que se dedicarán a producir música
nueva), puesto que eso es algo que no necesariamente ha de copar
la actividad de Lou Reed.
Como siempre, preguntas. ¿Cúal
será su próximo movimiento, qué camino tomará...? Lo tópico
en estos casos es prever que, dado que su obra ha sido inequívocamente
tocada por eso que llamamos madurez, cualquier cosa que Reed
haga a partir de ahora siempre tendrá interés. Pero tratándose
de quien se trata, uno se atreve a pensar si no que daría todo
mucho mejor detenido en este punto, congelado. Como si el ciclo
se hubiese completado al fin. Claro que quizá sea demasiado
atrevimiento pretender que existe un final prematuro para
semejante explosión de ideas y que esa incordiante sensibilidad
que anida en el corazón de rock & roll de Lou Reed no es
capaz de seguir dando sorpresas.
Como siempre, preguntas y más
preguntas.
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